Entrenamiento de fuerza y funciones cognitivas: datos del metaanálisis en red de 2025
Un metaanálisis en red de 58 ECA con 4349 participantes situó el entrenamiento de fuerza en primer lugar por su efecto sobre las funciones cognitivas, por delante del aeróbico. El mecanismo difiere del aeróbico: el protagonismo es del IGF-1, no del BDNF.
El metaanálisis en red de 58 ECA (Han et al., 2025) mostró que el entrenamiento de fuerza ocupa el primer lugar en el efecto cognitivo global (SMD 0,55; SUCRA 83,3%), superando al aeróbico. El mecanismo actúa principalmente a través del IGF-1, no del BDNF. La memoria de trabajo y la espacial mejoran de forma significativa; los datos provienen de adultos mayores.
¿Por qué la conexión entre entrenamiento de fuerza y cerebro no es obvia?
Cuando se habla de los beneficios del ejercicio para el cerebro, la primera asociación es el ejercicio aeróbico: correr, ciclismo, natación. Es precisamente en el contexto del aeróbico donde se describió por primera vez el aumento del BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro) y el volumen del hipocampo. El entrenamiento de fuerza se percibía tradicionalmente como un instrumento para desarrollar músculos y fuerza, pero no para la neuroprotección.
Esta distinción empezó a difuminarse en la última década a medida que se acumulaban los ensayos aleatorizados. Para 2025 había suficientes para un metaanálisis en red completo: un método que permite comparar varias intervenciones simultáneamente incluso en ausencia de ensayos comparativos directos.
Metaanálisis en red de 2025: el entrenamiento de fuerza en primer lugar
Han, Zhang y colaboradores (Frontiers in Aging Neuroscience, 2025) realizaron un metaanálisis en red de 58 ECA con 4349 adultos mayores sanos, comparando seis tipos de ejercicio por su efecto sobre las funciones cognitivas. Es el estudio comparativo más amplio en este campo hasta la fecha.
Clasificación de las intervenciones por SUCRA (probabilidad de ocupar el primer lugar) para la cognición global:
- Entrenamiento de fuerza: SMD = 0,55 (IC 95%: 0,21–0,89); SUCRA = 83,3% — primer lugar
- Entrenamiento aeróbico: SMD = 0,49; SUCRA = 68,5% — segundo lugar
- El entrenamiento de fuerza también ocupó el primer lugar en control inhibitorio: SUCRA = 82,1%
- El entrenamiento aeróbico superó al de fuerza en memoria: SMD = 0,42 frente a 0,35
Todas las comparaciones se basaron en intervalos de confianza del 95%. Un SMD de 0,55 para la cognición es un efecto de magnitud moderada, comparable al que se espera de intervenciones farmacológicas en el deterioro cognitivo leve.
¿Qué funciones mejoran exactamente con el entrenamiento de fuerza?
Wu y Huang (Frontiers in Psychiatry, 2025) realizaron una revisión sistemática y metaanálisis separados, centrados exclusivamente en el entrenamiento de fuerza en adultos mayores (17 ECA, 739 participantes). Esto permite detallar qué dominios cognitivos responden a la carga:
- Funciones cognitivas globales: SMD = 0,40 (p<0,05)
- Memoria de trabajo: SMD = 0,44 (p<0,001)
- Aprendizaje verbal y memoria: MD = 3,01 (p<0,001)
- Memoria espacial: SMD = 0,63 (p=0,0009) — el mayor efecto
- Velocidad de procesamiento de la información y funciones ejecutivas: estadísticamente no significativo
Estos datos son importantes para entender las limitaciones: el entrenamiento de fuerza mejora de forma más convincente la memoria (de trabajo y espacial), mientras que su influencia sobre la velocidad de procesamiento y las funciones ejecutivas generales es menos pronunciada.
Mecanismo: IGF-1, no BDNF
Aquí es donde el entrenamiento de fuerza se diferencia fundamentalmente del aeróbico. El ejercicio aeróbico actúa a través del BDNF —una neurotrofina que estimula la neurogénesis en el hipocampo. Este mecanismo está bien documentado para el running y las cargas aeróbicas.
Rodriguez-Gutierrez y colaboradores (Aging and Disease, 2023) analizaron 30 ECA (1247 participantes de entre 45 y 92 años) sobre biomarcadores neuroprotectores tras el entrenamiento de fuerza:
- IGF-1: SMD = 0,48 (IC 95%: 0,27–0,69) — aumento estadísticamente significativo
- Con una frecuencia de 3 veces por semana el efecto es mayor: SMD = 0,55 (IC 95%: 0,31–0,79)
- BDNF: SMD = 0,33 (IC 95%: -0,29 a 0,94) — estadísticamente no significativo
El IGF-1 (factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1) es un factor sistémico producido durante la contracción muscular. Atraviesa la barrera hematoencefálica y activa vías intracelulares de neuroprotección, neurogénesis y plasticidad sináptica. Esta es una vía fundamentalmente diferente en comparación con el efecto mediado por el BDNF del running.
Flujo sanguíneo cerebral: mecanismo adicional
Allison y Al-Khazraji (American Journal of Physiology — Heart and Circulatory Physiology, 2024) resumieron los datos sobre el efecto del entrenamiento de fuerza crónico en la hemodinámica cerebral en adultos mayores. Con la edad, el flujo sanguíneo cerebral disminuye; esta reducción precede a los cambios neurodegenerativos. Los autores mostraron que el entrenamiento de fuerza regular se asocia con una mejora de la perfusión cerebral y la estructura cerebral. Contrariamente a las preocupaciones sobre los picos agudos de presión durante el levantamiento de pesas, no se encontraron efectos vasculares negativos a largo plazo en adultos mayores.
- El entrenamiento de fuerza 2–3 veces por semana es una intervención respaldada para mantener y mejorar las funciones cognitivas, especialmente la memoria de trabajo y la espacial.
- El entrenamiento aeróbico sigue siendo importante: supera al de fuerza en su efecto sobre la memoria declarativa. El programa óptimo incluye ambos tipos de carga.
- El mecanismo del efecto cognitivo del entrenamiento de fuerza actúa principalmente a través del IGF-1, no del BDNF. Esto significa que ambos tipos de entrenamiento activan vías neurobiológicas diferentes y se complementan mutuamente.
- Los datos provienen principalmente de adultos mayores (edad media 58–70 años). La posibilidad de extrapolación a grupos de edad más jóvenes es limitada, aunque los mecanismos son biológicamente universales.
- La duración de los programas en los ensayos fue de 13 a 26 semanas; los efectos cognitivos a corto plazo (menos de 12 semanas) son menos pronunciados.
- La sobrecarga progresiva (aumento gradual de la carga) es el parámetro clave de un programa de fuerza de calidad. Los ensayos con sobrecarga progresiva muestran resultados más consistentes.
Preguntas frecuentes
Fuentes
- Han H, Zhang J, Zhang F, Li F, Wu Z. «Optimal exercise interventions for enhancing cognitive function in older adults: a network meta-analysis». Frontiers in Aging Neuroscience, 2025. PMID: 40717897. pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12289702/
- Wu J, Huang C. «A systematic review and meta-analysis of the effects of resistance exercise on cognitive function in older adults». Frontiers in Psychiatry, 2025. PMID: 41503279. pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12772445/
- Rodriguez-Gutierrez E, Torres-Costoso A, Pascual-Morena C, et al. «Effects of Resistance Exercise on Neuroprotective Factors in Middle and Late Life: A Systematic Review and Meta-Analysis». Aging and Disease, 2023. PMID: 37163437. pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10389831/
- Allison EY, Al-Khazraji BK. «Cerebrovascular adaptations to habitual resistance exercise with aging». American Journal of Physiology — Heart and Circulatory Physiology, 2024. PMID: 38214906. pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38214906/